29 octubre 2022

Circuito Valle Wakhan–Carretera el Pamir (Parte 2º)

Continuamos el itinerario hasta el cruce con la Carretera del Pamir, la M41, y seguimos  hacia Alichur en busca de una casa de familia donde dormir. Habíamos entrado en el Pamir, una extraordinaria meseta de 280Kms. de N. a S. y unos 400Kms. de E. a O..
Llegamos de noche e
Ibrahim dirigió el vehículo hacia el homestay Golden Fish (180Tsm/4 camas compartidas/baño exterior/cena y desayuno) que ya conocía, habló con sus propietarios y aunque no esperaban a nadie en poco más de una hora teníamos la cena hecha y las habitaciones calientes con chimeneas tradicionales de estiércol. Un motor eléctrico nos proporcionaba la corriente necesaria para pasar varias horas de charla con los propietarios hasta acostarnos. Son kirguises como la mayoría de los habitantes de Alichur, no descienden de los persas como los tayikos y, en términos de hospitalidad, no hay punto de comparación.
Estuvimos unas horas charlando en el comedor que también es cocina porque la estufa-chimenea que calienta la habitación tiene también un fogón para calentar la comida. 
Dormimos los tres en la misma habitación. Estábamos a una altitud de 4.000mts. en la ciudad más fría de Tayikistán con temperaturas que han llegado a alcanzar los -60ºC en invierno. Fuera de la vivienda el frío era totalmente gélido, sobre todo en el momento de salir hacia el urinario.
Según nos contaron, en ocasiones los animales mueren porque no pueden soportar tan baja temperatura. Los rebaños son introducidos en habitáculos de adobe o de piedras al anochecer para estar protegidos del frío pero en invierno se quedan encerrados ahí toda la temporada.
Se me hacía difícil imaginar cómo puede ser a esas temperaturas la vida durante los inviernos, y me surgían preguntas como: ¿Cómo salen de casa a ocuparse de los animales? ¿Cómo van al baño si están fuera de la vivienda y algo alejado? ¿A quién se le ocurriría establecerse en un lugar tan aislado y tan hostil para la vida humana y animal como éste? Terrible. 
Por la mañana nos encontramos con el exterior lleno de granizo. Había bajado la temperatura a bajo cero. Paseamos durante unos minutos antes del desayuno por el pueblo con las montañas rodeándonos por completo. Alichur está formado por varias decenas de casas, muchas de ellas con montones de estiércol apilados para secar al sol, sobre un amplísimo descampado y los animales, sobre todo yaks, deambulando por los alrededores. No se ve ni un solo árbol y la pobre y raquítica vegetación es el alimento de estos animales. Lo único interesante que tiene son sus paisajes que deja a cualquiera perplejo. Las pocas personas que se ven son de marcados rasgos orientales y vestidos tradicionales kirguisos. No se observa facciones tayikas. Casi el 80% de la población es kirguiza y, aunque viven aquí desde hace generaciones, no hablan tayiko.
Tras desayunar volvimos a subir al vehículo para dirigirnos a Murghab y ver el mercado a primera hora de la mañana. La autovía, ahora en mejores condiciones aunque con algunos baches, avanza por la ribera del río en un valle que va cambiando de amplitud. Grandes partes del Pamir, especialmente las altas montañas, son inhóspitas para humanos y animales, sin embargo algunas especies raras viven ahí. Los yaks, por ejemplo, están adaptados a este clima extremadamente frío por lo que pueden sobrevivir a los duros inviernos de hasta -30 grados, o las raras y extremadamente tímidas ovejas Marco Polo de enormes cornamentas que viven en la alta montaña. Son difíciles de observar de cerca. Estábamos entrando en su hábitat natural.
Nos detuvimos una hora en el mercado de Murghab que se encuentra entre la autovía M41 y la carretera Murghab - Tashkurgan, justo en medio del pueblo. Lamentablemente aún no habían llegado los comerciantes. Era las 9 de la mañana y la mayoría de las tiendas, que son contenedores, estaban cerradas. Por otro lado, varios grupos de gente se amontonaban alrededor de unos furgones con las puertas abiertas que vendían sus mercancías en cajas de cartón o sobre plásticos en el suelo.
Muchos habitantes de origen kirguís viven en el N. de Murghab en particular y es que esta parte de Tayikistán limita con Kirguistán 200Kms. más al N..
Nos encontrábamos a una altitud de 3.600mts.y el clima es igualmente bastante severo con un aire muy frío y seco, con escasa vegetación en los alrededores. Aquí se ha llegado a registrar 40°C en verano y hasta -40°C en invierno.
El distrito de Murghab se extiende a lo largo de las majestuosas montañas Pamir en el E. de Tayikistán, y la capital y centro administrativo de esta región es esta ciudad igualmente llamada Murghab, ubicada en las estribaciones de las montañas. A pesar de ser apodada como la "capital" de la región, sigue estando muy poco desarrollada, compuesta por solo unos pocos cientos de casas y sin apenas transporte público ni atracciones turísticas para presumir, aparte de la impresionante cadena montañosa y el desierto circundante que crea un impresionante telón de fondo para la ciudad.
La historia de Murghab comenzó durante el período del Gran Juego, cuando los imperios rusos y británicos luchaban por la influencia en Asia Central. Tropas rusas llegaron aquí en 1892 y organizaron un puesto fronterizo, construyendo primero pequeñas casas para sobrevivir el duro invierno y luego continuaron con otras construcciones. Años más tarde, los rusos establecieron un puesto fronterizo en Khorog y como resultado ese emplazamiento llamado en su momento "Puesto de Shadjan” se volvió menos significativo. En la actualidad, Murghab se ha convertido en una parada obligada para los viajeros dado que no hay otro asentamiento a cientos de kilómetros donde se pueda pasar la noche en condiciones relativamente confortables.
Ibrahim se había dirigido a un homestay para comunicarles que de regreso, bien entrada la tarde, nos quedaríamos a pasar la noche. Una vez todos juntos, en vista que no se animaba el mercado, y habiendo realizado unas pequeñas compras, decidimos continuar nuestra ruta hacia las pinturas rupestres Shakhti, uno de los sitios antiguos más importantes del Pamir, perteneciente a la Era Paleolítica que se encuentra a 50Kms. al S.O. de Murghab, saliendo de la M41 por una pista de tierra ocre durante otros 25Kms., en el espectacular valle Kursteskei absolutamente severo, cubierto de nieve y perdido entre altas montañas. A esta cueva con alguna de las pinturas rupestres consideradas las más altas del mundo, a una altitud de 4.200mts., y descubierta por unos arqueólogos rusos en 1958, se llega ascendiendo por un sendero de la ladera hasta la pared donde se encuentra ubicado.
Los diseños en pigmentación roja representan a un extraño hombre-pájaro, una escena de caza en la que se dispara con flechas a lo que podría ser tres osos y varios animales que igualmente parecen osos en diferentes posiciones. Los arqueólogos han establecido similitudes entre estas pinturas y sitios paleolíticos de otros lugares, aunque estos ejemplos en particular no pueden ser anteriores a la llegada de habitantes al Pamir después del final se la última Edad del Hielo (8.000-5.000 a.C.) Las tradiciones de las artes escénicas en Tayikistán describen leyendas y mitos, están asociadas con la gente, su vida cotidiana y sus rituales culturales. Cada territorio tiene su propia forma de arte y sus propias historias para interpretar convirtiéndolos en una parte única de su antigua cultura tayika.
Continuamos luego por la desolada pista de arena y piedras a través de secos descampados, con partes nevadas, del valle Ak-Bura hasta llegar a una colina donde se encuentra el Observatorio soviético Shor-Bulak ubicado a una altitud de 4.350mts. En la base se amontonan camiones viejos abandonados y unos defenestrados barracones.
Subimos a su cima donde se encuentra este remanente de la antigua URSS, que alguna vez fue un lugar de desafiantes observaciones astronómicas, ahora abandonado en medio de la nada. Este clima seco lo convirtió en un emplazamiento ideal para estudiar astronomía de “la longitud de onda submilimétrica”. Observar estas ondas, increíblemente cortas, puede ser especialmente complicado porque el agua en la atmósfera puede interferir con las mediciones.
Shorbulak era un puesto de avanzada del Observatorio de Pulkovo, oficialmente conocido como el Observatorio Astronómico Central de la Academia Rusa de Ciencias en Pulkovo (San Petersburgo), junto a otras ubicadas en Armenia, Azerbaiyán, las montañas del Cáucaso, Chile y Bolivia.
Desde estas alturas pudimos contemplar en la lejanía a un rebaño de cabras Marco Polo cruzar el valle gracias a los prismáticos que llevaba. No es sencillo encontrarse con ellas porque son muy esquivas y astutas, y a la vez miedosas, pues se sienten continuamente perseguidas por los cazadores de temporada.
De vuelta a la M41 continuamos unos 50Kms. más hasta salir por una pista de tierra que conduce hacia una extensa cuenca en las estribaciones del sur de la Cordillera Sarykol, y llegar a los lagos RangKul y ShorKul, en un valle plano y ancho, cubierto de salinas y hierbas, a una altitud de 3.784mts.. En kirguís "rang"  significa lago de juncia (hierbas de hojas largas). Las capas de sal son visibles a lo largo de sus orillas, aunque el agua de los lagos es casi dulce y fresca, la profundidad podría llegar a los 2,5mts..
El lago Rangkul, con una longitud aprox. de 4’5Kms. por 2’5Kms. de ancho está conectado por un canal estrecho con el lago Shorkul, de una longitud aprox. de 14Kms., dependiendo del momento del año. 
Según lo claro y limpio que se encuentre el día, la superficie del lago refleja los contornos de los escarpados acantilados Matatas, compuestos de calizas marmóreas grises y cubiertas en sus laderas de roja herrumbre como una especie de “desierto bronceado”. Igualmente,
 según la hora del día, reflecta un extraordinario juego de colores que cambia del azul turquesa al azul violeta. Albergan peces y colonias de gansos salvajes. Las zonas del E. y N.E. son pantanosas. Nos detuvimos unas horas para disfrutar del entorno y tomarnos unos tés que Sylvain hizo con su hornillo portátil de gas, acompañado de frutos secos.
La carretera continúa hacia la aldea Rangkul, que se encuentra aprox. a 11Kms., sobre un entorno seco y polvoriento con torres de vigilancia y puestos de control del ejército a solo 10Kms. de la frontera con China. Cerca hay unas dunas gigantes de arena, pero ahora está fuera de los límites debido a problemas de seguridad en ambas frontera, a la vez que los celosos guardias fronterizos tayikos que patrullan la zona no se alegrarían para nada al toparse con intrusos. Desde este lugar se obtiene unas extraordinarias vistas de la cordillera Shatput en China.
De vuelta en la M41, debíamos ascender hacia el paso Ak-Baytal (4.655mts.), también conocido como “Paso del Caballo Blanco”, por una serpenteante carretera entre impresionantes montañas de colores rojizos herrumbroso, grisáceo y parches ocres y blancos debido a la nieve caída sobre una tierra completamente seca y brutal. Cuando alcanzamos esa abrupta cumbre del paso más alto de la autopista Pamir la niebla lo cubría todo. Apenas podíamos ver mucho más allá de la carretera y los escarpes cercanos.
Una vez que comenzamos el descenso el paisaje nuevamente se abrió entre las aceleradas nubes debido al fuerte viento que soplaba. Al lado de la carretera aún se aprecia la vieja valla, en algunas partes tumbadas, que hasta no hace mucho separaba dos mundos: la URSS a un lado y China al otro. Dicen que la construcción de esa interminable valla dejó a gran parte de los habitantes del imperio soviético sin metal para fabricar las herramientas necesarias para trabajar la tierra. Hoy en día les resultaría más barato comprar en el extranjero todo el metal que necesiten para volver a montar los cientos de kilómetros de la valla. Ahí sigue, testigo y evocación de aquellos tiempos, pero es ahora China quien la conserva reparando las partes más deterioradas.
De pronto, a una altitud de 3.800mts. apareció bajo el majestuoso Pico Lennin (7.134mts.) y entre la monotonía de marrones, ocres y la blanca nieve una mancha plateada reflejo de los rayos del sol. Era el lago Karakul. A medida que nos acercábamos, y al estar parcialmente nublado, el brillo se convertía en tonos grises oscuros y poco a poco podíamos divisar la amplitud de esas aguas del gran lago. Y contiguo Karakul, una aldea compuesta por unas pocas casas encaladas en blanco de una sola planta y techos de planchas metálicas repletos de estiércol colocados para secar al sol, coronada por los nevados picos de la Cordillera Trans-Alay. Este asentamiento, con el mismo nombre que el lago, no cuenta con electricidad pero los postes están ahí clavados y con los cables eléctricos colgando. Lo único que falta es conducirlos hasta las casas y conectarlos. Sin embargo, hasta aquí sí llega la telefonía móvil, y les llega con una débil conexión a Internet, aunque no tengan ni electricidad ni agua corriente. Avanzamos entre las casas hasta detenernos en la orilla del lago. Este fue el lugar más lejano de nuestro recorrido. Hasta aquí pudimos llegar con nuestro plan de viaje.
Observando las altas montañas que nos rodeaba volvió a llegar a mi mente y mi recuerdo el primer proyecto que me propuse antes de empezar este viaje, que no era otra cosa que llegar desde Bishkek hasta Osh para luego cruzar las fronteras de Kirguistán y Tayikistán a través del Paso Kyzyl-Art  (4.282mts.), que se encuentra a escasos 90Kms. de este lago, y continuar por esta misma autovía del Pamir de E. a O., siguiendo la antigua Ruta de la Seda desde el lago Karakul desviándome por el Corredor de Wakhan hasta alcanzar KhorogPero no hay mal que por bien no venga. De la manera que estamos viajando he podido hacer estas dos carreteras íntegramente.
El Lago Karakul se creó hace millones de años y es el lago salado más grande de TayikistánPaseamos cada uno a su ritmo, aunque ninguno quisimos bañarnos porque hacía un frío infernal cada vez que soplaba el viento, ni tampoco pudimos apreciar los reflejos de las montañas tan típico en este lago porque el agua estaba algo agitada. Alrededor de su orilla pudimos observar los admirables yaks con su largo pelaje de lana oscura buscando tenazmente el escaso pasto. Disfrutamos de inolvidables momentos durante dos horas y regresamos nuevamente al vehículo para deshacer el recorrido que nos trajo hasta aquí. 
Estábamos casi al final del Alto Badajshán y regresábamos directamente hacia el Pamir una meseta de 280Kms. de N. a S. y unos 400Kms. de E. a OToda esta región es conocida desde hace siglos con el nombre oficioso de “el techo del mundo”.
Volvimos a retomar la autovía M41 para subir nuevamente al paso Ak-Baytal y aprovechando que ya no había nubes nos detuvimos para tomar fotos de este desafiante terreno y de su afamado cartel azul que informa la altura del punto donde nos encontrábamos en ese lugar: 4.655mts.. Lo emocionante esta vez fue que veíamos el paisaje desde el lado contrario por el que vinimos, quedándonos con más detalles que anteriormente se nos había pasado por tanta información visual que recibíamos constantemente. Tras varias paradas para disfrutar del entorno y seguir tomando algunas fotos llegamos a Murghab para hacer noche en uno de las tantas casas particulares del pueblo.
Su propietario, un hombre de facciones anchas y armoniosas (pómulos altos, ojos almendrados) de un típico kirguís y conducta serena de un monje budista, nos mostró muy atentamente las habitaciones. La casa estaba impecable, inconfundiblemente kirguisa: completamente tapizadas las paredes y el piso para combatir el frío.
Sobre la marcha encendió la chimenea para calentar la habitación donde nos íbamos a quedar los tres. Primeramente introdujo excrementos y más tarde trozos de leña.
Esta vez me tocó a mí sufrir el mal de altura, aunque sólo se trataba de cortos estados de vómitos con malestar de estómago. En poco más de cuatro horas habíamos superado en dos ocasiones los 4.655mts. de altitud, aunque nuevamente la excesiva velocidad y los volantazos para esquivar baches por parte de Ibrahim provocó que al llegar a la casa comenzara a sentirme algo mal. Estuve una hora sobre la cama intentando que se me pasara ese mal momento. Tras ducharnos nos sirvieron la cena en la habitación. Apenas pude beber agua. Era cuestión de no cenar, acostarme pronto y esperar que durante la noche 
se me pasara esa incomodidad. Como así sucedió. 

Pude dormir bien y desayunar correctamente a la mañana siguiente. Me encontraba nuevamente en condiciones de viajar, así que volvimos a subirnos al vehículo y continuar los planes. Pasamos por el lago (rabat) Sasök-Kul (o lago fétido debido a su olor a huevos podridos) a una altitud de 3.842mts., y luego tras otros 15min., pasamos por el lago sagrado Ak Balik (pescado blanco) de aguas cristalinas y azul claro.
Pronto rebasamos el cruce de carretera hacia Langar, esa por la que llegamos y que apenas nadie recorre excepto los jeeps con conductor alquilados por turistas. Volvíamos a experimentar la percepción pasada: no hay casas, ni animales, ni vegetación. 
No hay rastro de vida. Todo es roca gris y tierra ocre. Parecía que estábamos en otro planeta.
Salimos por una pista de tierra de unos 15Kms. que conduce hacia Bulunkul y nos detuvimos en el primer lago que da nombre al pueblo para observarlo durante un buen rato.
Situado en el valle superior de Gunt, en las montañas de Pamir, este pequeño lago es de origen tectónico y se encuentra a una altitud de 3.741mts.. El río Issykbulak confluye en él, formando un delta pantanoso esencial para el pastoreo. La región es una de las más frías y el lago suele estar congelado hasta finales de mayo. Si bien este lago no tiene mucho por el que destacar, es bastante atrayente, rodeado de humedales, plantas acuáticas y algunas aves que se las pueden ver deslizándose a lo largo de la superficie del agua.
Paramos en la aldea para almorzar dentro de una enorme yurta-restaurante. Nos encontramos con dos parejas jóvenes de vietnamitas que llevan semanas recorriendo varios países. Nos sentamos todos alrededor del mantel sobre la alfombra mientras charlábamos esperando que nos sirvieran la comida: una sopa espesa con carne y un gran plato de carne y verdura para compartir, acompañado de enormes panes redondo nan. Nos contaron que hay una escuela, una tienda, varios homestays y una estación médica de emergencias para las alrededor de 38 familias (37 de ellas son pamiris) que viven en esta ruda zona desértica y montañosa de las tierras altas, en su mayoría rural y dependientes en gran medida de los glaciares para obtener agua para regar los cultivos, alimentar al ganado y, por supuesto, beber. Sus vidas están conectadas al agua. Sin agua, ¿qué hacemos?” comentaba la mujer que nos estaba sirviendo la comida, preocupada porque las reservas locales de agua están disminuyendo. 
Descansamos un poco y luego paseamos por el pueblo observando las costumbres de subsistencia que tienen. Este pueblo es conocido también como uno de los lugares habitados más fríos de Asia Central, con una temperatura mínima récord de -63ºC.
A excepción de algunas viejas baterías de vehículos prácticamente no hay ni electricidad ni agua corriente, solo un par de casas con paneles solares. El poblado vive como una gran familia, dependiendo unos de otros en estas duras condiciones. Dominan los usos del yak ya que beben su leche, comen su mantequilla y calientan las casas con su lana y sus excrementos.
Este lugar es tan real como aparece en las fotos: yaks deambulando por los alrededores, mujeres cargando montones de estiércol para secarlos y usarlos como combustible y hombres organizando los trastos fuera de alguna casa junto a viejos vehículos aparcados indefinidamente en el tiempo. No es un lugar de fácil acceso ni es cómodo para una estancia en estas casas, pero la experiencia llega a ser sin duda alguna inolvidable.
Continuamos por una pista en ascenso hacia el Lago Yashikul, una enorme mancha verde esmeralda rodeada de picos nevados, un lago alpino de agua dulce situado a 3.734mts. sobre el nivel del mar que mide entre 19-22Kms. de largo y de 1 a 4’5Kms. de ancho, con una profundidad máxima de 50mts., dependiendo de la época del año. Su agua es fresca y pura, con abundantes peces y se pueden ver brotes de algas entre las piedras a través de las cristalinas aguas, y una temperatura que supera los 14°C durante el fresco verano del Pamir.
En el desierto de las montañas de Pamir, lugares como el lago Yashilkul son muy raros. 
Se formó hace cientos de años cuando un fuerte terremoto creó un deslizamiento de tierra que bloqueó el río Gunt, que después de aprox. 200Kms. confluye con el rio Panj cerca de Khorog. Se alimenta pues del río Gunt y de los arroyos que bajan desde las montañas.
Gradualmente, el lago se ha vuelto bastante grande debido a la fusión activa de los glaciares que lo han estado alimentando durante más de siete siglos. Literalmente 'Yashilkul' puede traducirse de Tadshikisch como 'el lago verde', que refleja completamente las características principales de la cuenca de agua. Su área está cubierta de juncias que constituyen excelentes pastos de los que se alimentan y crecen los poderosos yaks.
Se puede visitar también los manantiales calientes de sulfuro de hidrógeno Issyk-Bulak muy cerca ahí. Son corrientes calientes de hasta 60ºC que brotan de cuatro géiseres ubicados en el fondo de la montaña de granito. Desde la antigüedad los vecinos mantienen esta fuente sagrada y se comportan con él con mucho respeto porque creen que el mítico animal Tyuya-Su (camello de agua) vive en su interior.
Los lagos y los humedales circundantes, las laderas y los amplios valles de las tierras altas son el hogar de una gran cantidad de diversas especies de aves, desde las que vienen solo para reproducirse hasta las migratorias que van de paso. Estos incluyen halcones sacre, buitres del Himalaya y águilas imperiales orientales que forman una impresionante población de aves dentro del espectacular paisaje del lago.
Todos estos lagos que hemos atravesado por esta autovía son un espectáculo muy raro de contemplar en la aspereza de las montañas de Pamir. Los picos nevados reflejados en la superficie cristalina de los lagos crean un paisaje natural impresionante. Todo un espectro de colores visible que despierta los sentidos, desde las cimas de las montañas de color blanco perla hasta las superficies azul puro o verdes de los lagos. Estas aguas son tan frescas que aquí se puede observar una agitada fauna. La abundancia de vida acuática, junto con muchas especies de patos y gansos, hacen su hogar en medio de esta área importante entre lagos y montañas.
Regresamos a la M41 y continuamos por la carretera (a tan solo 130kms. de Khorugh) que se va perdiendo entre el horizonte, entre el páramo marrón y ocre que nos rodea y, a lo lejos, más montañas. Enormes y majestuosas montañas, algunas con los picos completamente cubiertos de nieve. El paisaje es desolador para la vida, pero hay vida: unos pocos pastores con sus rebaños y algunas casas desperdigadas. Aparte de eso nada más, sólo un gran espacio abierto que invitaba a ser contemplado con serenidad a través de la ventanilla. Siempre cerrada por las bajas temperaturas del exterior.
La autovía más tarde se encuentra con el río Toguzbulok y van en paralelo durante 40Kms., mientras todo sigue siendo aridez a más 3.500mts. de altitud. Ni siquiera un pequeño arbusto sobrevive allí, hasta que llegamos al primer resquicio verde que encontramos en Jelondyun pueblo dividido en dos por el asfalto. Al atravesarlo se observan bastantes casas pero muchas están abandonadas, sin ventanas, solo unas cuantas tablas de madera contrachapada que las resguardan de las inclemencias meteorológicas y por falta de recursos de sus habitantes. 
Aunque en algunas guías venden
Jelondy como un sanatorio donde venir a relajarse un fin de semana, parece ser que tan solo unas pocas construcciones atraen a todos los ricos que vienen a pasar unos días. El resto del pueblo resulta deprimente. Lo rodeamos mientras el olor a huevos podridos de las aguas sulfurosas también nos rodea porque toda la zona está sobre manantiales. Algunos vecinos han construido casas de baños públicos. Precisamente nos detuvimos enfrente de una de ellas, los conocidos baños de aguas termales de Jelondy, Spa y hotel (200Tsm/dos camas/baño exterior/cena y desayuno inc.).
Aparte de las casas, a lo lejos no hay nada. El agua de los manantiales no sirve para el cultivo pero sí para calentar las casas. Hay tuberías que conducen el agua caliente alrededor de cada estancia del inmueble para luego desembocar fuera en un agujero lleno de piedras “oxidadas” por el azufre incrustado. 
Al atardecer se nubló y la temperatura descendió varios grados. Aprovechamos para darnos el baño antes de cenar en la cocina de la casa, como acostumbra la familia todos los días.
Planeamos la parte final del recorrido que nos quedaba: llegar al valle Bartang. Podríamos hacer un trekking a través de las montañas, quedarnos a dormir en alguna aldea y por la tarde regresar a Khorog o seguir hasta Kalai Khum en marshrutka y al día siguiente esperar por otro para llegar a Dushambé.
Ésta iba a ser la última noche por el Pamir, en este extraordinario balneario. 

Los franceses incluso por la mañana temprano antes de desayunar volvieron a bañarse.
Ibrahim, mientras desayunábamos, nos propuso cambiar la parte final del viaje: llegar hasta Jisev y regresar para luego continuar hasta Qalay Kum y dormir allí, y así al día siguiente continuar hasta Dushambé, pero en otro coche porque ya no haría falta su vehículo de tracción 4x4 ya que las carreteras están en mejor estado. Tras hablarlo nos pareció buena idea.
Volvimos a la carretera y seguimos descendiendo en altura, siempre paralelo al río
Toguzbulok, mientras iban apareciendo pequeños prados verdes junto al río, y donde los habitantes de algunos poblados tienen pequeños huertos.
A las 11 llegamos a Khorog e hicimos una “parada  técnica” para que Ibrahim fuera a su casa a cambiarse de ropa y preparase para seguir el nuevo plan acordado por la mañana. Mientras, nosotros pasearíamos por el mercado buscando algo de comer para llevar a la caminata que teníamos previsto realizar. A partir de aquí habría que conducir paralelo al río Pyang hasta Rushan durante 65Kms.. 
Allí nos detuvimos para cambiar de vehículo en casa del hermano Ibrahim, tomamos algo de té junto a su familia y cambiamos las mochilas de vehículos. Regresamos a la carretera y entramos por una pista de tierra hasta Siponj paralela al río Bartang, atravesando varias aldeas rodeadas de verde vegetación y arboledas. Aquí los vecinos trabajan sus huertos de subsistencia y como siempre el excedente lo venden en el mercado.
Nos detuvimos a la altura de un inestable puente de cables y madera que atraviesa el río Bartang, aprox. a 2.535mts. de altitud, y que se encuentra estos días salvaje y embravecido. Forma parte del curso alto del río Amu Daria y atraviesa, de E. a O., la provincia autónoma del Alto Badajshán durante 132kms., a través de estrechos cañones bajo imponentes barrancos y picos irregulares hasta desembocar en el río Panj. Está compuesto en su mayor parte por aguas provenientes de glaciares.
El río tiene un nombre acertado, ya que Bartang significa "pasaje angosto", y antes del s.XX, se tenían que crear vados, plataformas y escaleras a lo largo del traicionero camino de tierra para que pasaran los animales de carga.
Quedamos en caminar hasta Jizeu y regresar antes de que callera la noche, por lo que teníamos un poco más de 4h. para realizarlo, así pues habría que acelerar el paso durante la marcha. Ibrahim
nos esperaría en su coche aparcado al margen de la pista.
Una vez cruzado el puente comienza el sendero hacia el valle de Jizeu, éste gira a la izquierda y asciende hasta la confluencia de los ríos Jizeudarya y BartangLuego continúa por la orilla suroeste del Jizeudarya durante unos cientos de metros antes de que el río se pierda de la vista. Tras algo más de 1Km. el Jizeudarya reaparece y durante aprox. 2.300mts. el sendero se va erosionando debido a las avalanchas del invierno, a los deslizamientos de tierra en primavera y a los frecuentes terremotos que sacuden el área.
Una vez pasado un pequeño puente de madera tras recorrer unos 4.500mts. hay que cruzar a la orilla noreste justo antes de llegar al Bajo Jizeu, y se continúa por este último tramo del camino que asciende al pueblo aislado e increíblemente hermoso.
A nuestro encuentro vino Gulsha, el propietario de algunas viviendas de la aldea hablando un inglés fluido. Al principio se extrañó un poco por nuestra presencia porque ya no estamos en época de senderismo por esta zona. Evidentemente tenía muchas ganas de que nos quedáramos a hacer noche en su casa de huéspedes. Hacía semanas que no llegaba ningún turista y el dinero le vendría fenomenal.
Después de enseñarnos una de las casas nos aconsejó quedarnos con la excusa de que aquí la noche cae más pronto debido a las altas montañas y que, posiblemente, no llegaríamos con la luz del día al puente.
Estuvimos observando los alrededores, el típico poblado de unas pocas casas y unos pocos habitantes con muchos animales que alimentar y cuidar, rodeado por los vastos picos irregulares sublimemente salvajes, a orillas de un pequeño lago y un río que produce un rumor como para quedar hipnotizado en pocos minutos.
Frente a las casas hay varios huertos aunque sin plantar porque no es temporada. Tan solo pensar que en breve, en invierno, las nevadas volverán a bloquear el acceso al valle y toda esta parte quedará aislada del resto de Tayikistán, da mucha grima.
Simplemente al mirarnos entendimos que nuestra intención de quedarnos a dormir aquí se podría cumplir aunque sabíamos, según las predicciones meteorológica que habíamos consultado el día anterior, que iba llover con toda seguridad por la noche y a la mañana siguiente.
Gulsha encontró una zona de cobertura de telefonía y avisó a Ibrahim, que es un buen amigo suyo, para comunicarle nuestra intención de quedarnos esa noche. Realmente no sé cómo se lo pudo tomar en ese momento Ibrahim porque entonces él tendría que dormir en alguna aldea cercana para volver a recogernos en el puente al día siguiente.
Confirmada nuestra estadía, nos montaron rápidamente una chimenea introduciéndola a través del tejado sobre la estufa de hierro oxidado que había en el interior. Mientras, explorábamos la zona superior e inferior de la aldea, una comunidad de pocas casas agrupadas en tres secciones de 2-3 casas cada una. 
Este emplazamiento al que sólo es posible llegar caminando es popular para la práctica del senderismo entre las altas montañas escarpadas, valles profundos, pequeños bosques y hermosos lagos. Si bien el turismo está avanzando aquí, tan solo llega un goteo de viajeros intrépidos.
Es posible continuar el sendero a lo largo del río Jizeudarya hacia el interior del valle. Tras otros 5kms. se llega al lago Tsakikul con un adecuado lugar para acampar.
Otros 8kms. más allá, el sendero, que en ocasiones es muy inseguro debido a la cantidad de cantos rodados y rocas que las avalanchas han empujado hacia la parte inferior desde las paredes, llega al lago Toraz-Dogobkul, que ofrece otro buen lugar para acampar cerca de su orilla norte. Hay quienes quieren más y continúan otros 2Kms. hasta el lago Gumkul
Caminar más allá es extenuante, a veces casi imposible, debido al terreno difícil y a un ascenso empinado a 4.300mts.. Pero aún hay más ya que tras otros 6Kms. siguiendo las desgarradas veredas rocosas que atraviesan laderas inestables cubiertas de rocas y en ocasiones con mucha agua, al descender para bordear el río, siempre dependiendo de la cantidad de agua que baje aunque fuese solo un poco, se llega al final de la ruta donde aparecen varios glaciares de la cordillera de Rushan (de aprox. 120kms. de largo, alcanzando su mayor altitud a 6.083mts.). Esto se deja ya para los auténticos intrépidos de las montañas. Preferiría verlo en un reportaje de revista que sufrir realizándolo, evidentemente.
Caída la noche, que aquí se produce más temprano debido a los empinados macizos, entramos en la casa para reposar y charlar. Teníamos preparada una tetera bien caliente, pan, mermelada, frutos secos, unas galletas, dulces y una larga conversación con Gulsha.
Luego, nuestro anfitrión nos sirvió una sopa de zanahoria y un plato de verduras sancochadas junto con pan plano nan recién hecho, acompañado de humeantes tazas de té.
A media noche comenzó la lluvia, que no era intensa, pero pensábamos que nos podría complicar la bajada al amanecer. Se estaba cumpliendo la predicción meteorológica que teníamos.
Desayunamos mirando continuamente hacia la ventana esperando que dejara pronto de chispear y aún empezamos a caminar de regreso desde el valle hasta el puente colgante entre un sirimiri que caía sobre nuestras cabezas, aunque duró poco. A medida que avanzábamos se iba aclarando el día, resultando la bajada más sencilla y rápida de lo que esperábamos. La caminata de vuelta, que esta vez era casi en su totalidad cuesta abajo siguiendo el mismo camino de regreso, la realizamos tan solo en 90min.. Cruzamos nuevamente el puente sobre el río Bartang que esta vez parecía más impetuoso, embravecido y más espumoso.
Allí estaba el coche aparcado, con Ibrahim en su interior. Salió a ayudarnos a guardar las mochilas y en vista que no estaba enfadado, al contrario, contento si nosotros estábamos contentos -su frase durante todo el tiempo que estuvimos juntos- nos subimos al vehículo para continuar disfrutando de los espectaculares paisajes que íbamos recorriendo.
En Rushan hay marshrutka que van hacia Siponj o Basid, pasando por este puente todos los días pero es difícil saber a qué hora 
salen. También se puede esperar por un taxi compartido especificando la intención de ir a Jizeu y descender ahí. Estos vehículos suelen salir a primera hora de la tarde. Como el tráfico en el bajo Bartang es escaso, es posible hacer autostop, con paciencia. Sería otra opción. Naturalmente, en días de mercado es más sencillo encontrar medios de transporte.
Nuevamente en la carretera, atravesamos las impresionantes gargantas con sus elevados picos, y al otro lado del río bajo empinados acantilados veíamos en ocasiones algunas motos avanzando por las polvorientas pistas afganas manejadas por motoristas barbudos vestidos con el shalwar kameez, el conjunto tradicional de pantalón holgado y túnica (prohibido usarlo con jeans en público), incluso hasta tres subidos en la misma motocicleta.
Llegamos a Kalai-Khumb atardeciendo y fuimos directamente al hostal Roma (150Tsm/habitación doble/baño interior/desayuno inc.) situado a orillas del río Obikhumbou afluente del Pyanj (Pyandzh). Perfecto para pasar varios días, con una gran terraza para comer con vistas directa al río, las viviendas de enfrente y las altas montañas afganas de fondo. Excelente. Muy contentos por la elección. Tras una ducha paseamos por su avenida en busca de algún restaurante local donde pudiéramos echarnos unas cervezas pero a las seis de la tarde ya estaba todo cerrado. Hay algunas casas de huéspedes y sólo un hotel decente. Poco más pudimos apreciar.
Cenamos finalmente en el comedor Orióno (TarabhonaiOrióno”), junto al hotel, posiblemente el único que sirve cerveza en el pueblo. Buena comida. Y cerveza local.
Kalai-Khumb (Kalaikhumb, Qal'ai Khumb, Qal'a-i-Khum) es un pequeño pueblo a orillas del río Pyanj, rodeado casi en su totalidad por las montañas del Pamir. Es uno de los primeros asentamientos en la ruta de la Carretera del Pamir (o último, en nuestro caso), luego de Dushanbé, que se encuentra a 368Kms. y a 235kms. de Khorugh. Localizado una altitud de 1.200mts., Kalai-Khumb tiene un clima templado considerando que se trata de una región severa como el Pamir. El inusual nombre del pueblo se traduce del persa como “Fortaleza en el Khumb”, dado que se encuentra en la confluencia del río Obikhumbou. Es el centro administrativo del distrito Darvaz en la región autónoma de Gorno-Badakhshan por lo que se ve muchos enormes edificios oficiales. Localizado en la frontera con Afganistán, alberga uno de los tres puentes que cruzan a través del río Panj. Cuando los comerciantes llegaron desde Afganistán, solía haber mercados los domingos cerca del puente. En la actualidad ya no hay mercados y es un acogedor pueblo con una población de aprox. 2.000 habitantes, aunque las comodidades siguen siendo muy básicas.