La
ruta la continúo como la tenía prevista en un principio, aunque me sigue la
duda del paso de montaña Kizyl-Art (4.280mts.) si seguirá aún cerrado estos
días ya que no quiero perder esta oportunidad de entrar a Tayikistán por este paso fronterizo. De momento la gente no está
del todo segura, pero me comentan que varias fronteras continúan aún cerradas como
medida de seguridad ante algunos enfrentamientos zonales con disparos entre
militares de ambos países. Para asegurarme mejor necesito llegar a Osh y allí preguntar a los taxistas si
siguen realizando los trayectos hasta Murghab,
en Tayikistan.
Así pues, siguiendo el plan del viaje de
llegar hasta Osh he decido pasar
antes unos días en Arslanbob, un
pueblo muy cerca de Uzbekistán, situado
a 1.500mts. de altitud, en un
profundo valle entre abruptos montes, afiladas cumbres cubiertas de nieve y
extensos bosques de nogales, caracterizado también por sus excelentes senderos
de montañas y varias cascadas.
Para llegar desde Naryn hasta Arslanbob he
tenido que elegir entre dos opciones: una, regresar a Bishkek en guagua, en taxi compartido o en marshrutka (316 Kms./4h.) para luego desplazarme o
en avión (40min.), o en taxi o en
marshrutka por una "tolerable" carretera que atraviesa prácticamente de N. a S., Toktogul - Jalal Abad
(565 Kms./10h.), y dos, aventurarme
a cruzar por el Centro del país
desde Naryn a Jalal Abad vía Kazarman (333Kms./8h.) fletando un vehículo con
conductor porque no hay transporte público que circule por esta carretera
secundaria de muy poca calidad y sin apenas movimiento vecinal. Se podría
realizar también mediante autoestop, y posiblemente teniendo que pernoctar
entre algunos pueblos esperando por algún medio de transporte que necesite
algún grupo de vecinos, pero de esta forma retrasaría considerablemente el
viaje.
Por eso, la manera más rápida ha sido
buscar un chofer y arreglar el precio a pagar por conducir a través de
serpenteantes carreteras, prácticamente de tierra y piedras y algunas partes
mal asfaltadas, entre pequeños poblados, bordeando el ahora poco caudaloso río Naryn, subir y bajar colinas,
desfiladeros, gargantas asombrosas, abruptas montañas atravesando dos pasos de
alta montaña: Toguz-Toro (2.800mts.) y Kaldama (3.060mts.). Tras un arduo regateo, por 8.000Ksm
pude acordar con el taxista amigo de la propietaria del hostal donde me estaba
quedando el traslado (comenzando a las 5 de la mañana) hasta Kazarman, una pequeña localidad a mitad
del recorrido (llegamos a las 9), y desde allí otro, amigo también del taxista, me llevaría
por 5.000Ksm hasta Jalal Abad (llegando a las 13:30). Sin duda alguna, aparte de algo duro, fue un trayecto espectacular y entretenido.
La ciudad está situada en las zonas pre-montañosas de
la cordillera de Tian-Shan, a los pies de las montañas no tan altas Aiyp-Too en
el Valle Kogartsky a una altitud de 763mts. En Jalal Abad el ambiente es más persa, totalmente diferente a la capital, si bien es la tercera ciudad en población, su número alcanza los 100.000 habitantes. La mayoría de sus residentes o visitantes de otras poblaciones cercanas no van vestidos con jeans ni lucen tan modernos. Las mujeres visten largos vestidos de colores oscuros o pálidos, con estampados o detalles muy trabajados, y pañuelos claros que tapan sus cabelleras.
El taxista me dejó frente a la estación
de marshrutka donde están estacionados los taxis compartidos que se dirigen a Bazar Korgon (30Kms./40min.), una
localidad muy comercial que es cruce de carreteras, para desde allí subir a un
marshrutka que me llevaría hasta el centro de Arslanbob (50Kms./90min.).
La carretera va bordeando el río Kara-Unkür hasta que se desvía
hacia las montañas Babash-Ata (4.427mts.) que forman una impresionante
muralla de peñascos nevados y acaba en la población de Arslanbob, de aprox. 16.000 habitantes, de mayoría étnicamente
uzbeka, que viven 5 pueblos repartidos por la zona.
Al llegar a la plaza
central, a 1.430mts. de altitud, donde se
concentra el transporte público (guaguas, marshrutka y taxi compartidos) y algunos almacenes comerciales me
dirigí a la oficina CBT -la
coordinadora del turismo en la zona-, que se encuentra muy cerca, en busca de información de algún alojamiento familiar donde alojarme estos días y consejos de posibles rutas a
realizar por sus montes. El coordinador,
Hayat Tarikov, un experimentado guía muy amablemente me mostró un tablón
con fotos y descripciones de las 18 casas rurales (homestays), agrupadas por colores
y categorías y número identificativo.
Me consiguió la casa familiar nº 8 (1000Ksm/dos camas/baño exterior/desayuno) a unos 500mts. de distancia y quedamos en realizar un recorrido para el siguiente día por varios senderos que rodean al
pueblo.
Sin duda alguna Arslanbob destaca también por sus muchos hospedajes de lo más
placentero gracias a las amables familias que los alquilan, con habitaciones
cómodas, exquisitas comidas (suelen costar 350Ksm)
y jardines llenos de plantas, todo esto en pleno contacto con la naturaleza. La
principal ventaja de este tipo de alojamiento es obviamente el tiempo que se
pasa interaccionando con la familia propietaria, compartiendo con ellos su vida
cotidiana.
Este pueblo se caracteriza por ser
bastante conservador desde un punto de vista religioso y por la forma de vestir
de sus habitantes de entre las otras poblaciones que he visitado anteriormente.
Muchos de los hombres mayores (aksakals)
usan ropa tradicional uzbeka y las mujeres visten trajes largos con estampados mayormente de flores y fondos oscuros y pañuelos que cubren sus cabezas,
pero este conservadurismo cultural se ve atenuado por la tradicional
hospitalidad islámica, que recibe a los visitantes con una cálida sonrisa. Sus
viviendas, muchas de adobe, techos corrugados a dos aguas y pequeñas ventanas
no sólo sirven para habitarlas sino también para guardar las cosechas y el pasto de los
animales de granjas. Su red de callejuelas está rodeada por un vasto tramo
del mayor bosque de nogales del planeta. La región está situada en la frontera
natural de la cordillera Babash-Ata
con las depresiones de O. y S. de las sierras
de Fergana y Chatkal y es famosa
por sus impresionantes bosques relictos de nogales y frutales, que ocupan un
territorio de más de 600.000ha., catalogados como los más grandes macizos forestales de frutales y nogales del planeta. Aquí hay
hasta 130 tipos más de árboles y arbustos, y entre ellos se encuentran los almendros, ciruelos damascenos, perales,
pistacheros, manzanos groselleros y otros. Los bosques se distinguen
por estar situados sobre varios niveles y por tener una gran variedad de
arbustos de monte bajo, destacando los nogales que llegan a tener hasta 1.000
años, algunos alcanzan un tamaño impresionante (30 metros de altura y hasta 2mts. de diámetro) que fructifican abundantemente.
Aquí hay árboles que producen una cosecha entre 200-400Kgs. de nueces al año. Las
hojas y frutos del nogal tienen cualidades curativas, contienen muchas
vitaminas, micro elementos y otras sustancias alimenticias. Además, la madera
del nogal es una materia altamente apreciada en la producción de mueble de gran calidad y diferentes recuerdos. Según dicen sus vecinos, las semillas y
frutos del bosque fueron un obsequio milagroso del profeta Mahoma a un humilde jardinero a quien había encargado "hallar el
paraíso en la Tierra".
Muchas actividades son posibles, con
guías locales si se desea, incluidas las caminatas de lo más duro de hasta
cuatro días, a pie, a caballo o recorridos en bicicleta hasta excursiones a un lago
Sagrado y a una piedra Sagrada (lugares importantes de peregrinación para los
musulmanes de Asia Central), y a
cuevas que añaden nuevas impresiones y elementos exóticos al entorno.
En los desfiladeros rocosos a una altura
de 2.200mts. sobre el nivel del mar
los ríos montañosos llevan sus limpias aguas que caen abajo, por el precipicio,
creando saltos fabulosos (el Grande, de 80mts. y el Pequeño, de 25mts.)
accesibles fácilmente a través de distintos senderos con preciosas vistas del
valle.
Al siguiente día, tras un ligero desayuno,
me dirigí al CBT al encuentro del
guía que me iba a acompañar todo el día recorriendo los senderos que rodean Arslanbob (1.500Ksm). Allí me esperaba Bundyodbek,
un guía bastante joven y algo experimentado pero con una poca base de inglés, que iba a sustituir a Hayat. Subimos
durante varios kilómetros la carretera principal del pueblo hasta que llegamos
al pie de la pared del majestuoso Babash Ata,
comienzo de la vereda que conduce hacia la cascada grande, paralelo al pequeño
río que viene de la misma y que estos días lleva poca agua. A la izquierda del
merendero se accede al sendero que conduce al fondo de la cascada (cerrada por
ser peligroso escalar las piedras que lo bloquea), a través de una estrecha
garganta.
La subida es algo empinada y resbaladiza
por partes, hasta que se llega al mirador, casi a mitad de la caída del agua. Las vistas
a ambos lados han sido espectaculares gracias a que ha hecho un tiempo excelente, con un
día muy soleado y cálido.
De nuevo en ruta, atravesando el
riachuelo aparece un jailoo -un
amplio prado donde pastan los animales-, se sube por diversos prados donde
encontramos pastores con sus rebaños de vacas u ovejas, hombres o mujeres con
burros que acarrean leña, pasamos una laguna, el valle donde se encuentran
muchos animales pastando y gente que trabaja en el campo con azadones
de palo largo cavando la tierra, hasta que se llega al enorme bosque de
nogales, parcelado y explotado por la gente de la zona para la producción y
exportación de nueces. Caminar bajo la sobra de estos árboles
se agradece en días como el que viví de pleno sol y mucho calor.
Nunca imaginé que pasearía por el más antiguo y extenso bosque de nogales del mundo.
El camino
acaba en un mirador (Panorama) con excelentes vistas sobre Arslanbob, hacia el O. el Valle Fergana y hacia el N.E. la cadena montañosa Fergana, con sus picos de 4.000mts..
De vuelta bajamos hacia la cascada pequeña
volviendo a atravesar más bosques donde nos íbamos encontrando a familias hurgando
bajo los nogales, otros dirigiéndose con bolsas andando o n
burros hasta ese bosque. El guía me contaba que apenas hay trabajo en el valle y
que un tercio de los 16.000 habitantes son emigrantes en Rusia. Aunque ya ha pasado la época de la recolección ahora se
pueden recoger libremente las nueces que han quedado sin recolectar. Vimos bastante gente recogiendo nueces entre las hojas secas o subidos en los enormes nogales
vareando con un palo para hacer caer las pocas que aún quedaban. Dicen
que toda la producción de nueces se compra en el campo a 40Ksm (0'50€) y luego
los intermediarios los venden a los turcos y azerbaiyanos por 90Ksm (1,10€), y tal vez sean las nueces que llegan a España. Más de 1.500Tm
de nueces al año salen de aquí, además de
5.000Tm. de manzanas, pistachos y otros frutos.
Siguiendo el sendero que desciende hasta
el pueblo, a unos 1.500mts.,
se llega a la cascada pequeña, lugar sagrado y punto de peregrinación para los
musulmanes de Asia Central. En los
árboles del camino de acceso los fieles cuelgan tiras de telas en señal de
respeto y devoción y los puestos de suvenires allí instalados ofrecen también
artículos religiosos y algo de comida.
Los escalones que bajan a la cascada pasa por una pequeña cueva, conocida como la Cueva de los Cuarenta Ángeles, donde una mujer sagrada vivía. Los peregrinos solían ir a ella y hacerle peticiones, continuando aún con su carácter divino.
El centro del pueblo rodeado de hermosos
paisajes montañosos se caracteriza por ser muy comercial lleno de tiendas, un
elevado cara-sol protegido del viento, del sol o de la lluvia, donde los abuelos
pasan el día, en una escena parecida a la de cualquier pueblo donde hayan los
típicos “mentideros”. Las miradas recorren los 360º examinando a todo el que
pase por la zona. Nadie se escapa a los comentarios.
Calle abajo, un bazar donde destaca los
puestos de miel, leche, dulces, frutos secos, carne, vestimentas... y una
cantidad de restaurantes, algunos con terraza sobre el río y panaderías.
En el emplazamiento central del pueblo se encuentra la estatua de un león y a pocos metros la mezquita nueva o mausoleo Arstanbap-Aty, que data del s.XV, con espectaculares puertas de madera talladas.
Es indudable que todos sus vecinos están orgullosos de su pueblo y sus distintas tradiciones. Al fundador de la aldea, Arslanbob-Ata, le fue bien cuando el Profeta lo envió a buscar un paraíso terrenal; mirando a Arslanbob, parecería que su misión fue completamente exitosa. Dicen que hoy representan las generaciones 26, 27 y 28 y por esto muchos se ven un poco diferentes de sus hermanos en los territorios más bajos del valle de Fergana.
Tras varios días de paseos y relajación, a
primera hora de la mañana acudí a la plaza central donde se concentran los
vehículos que trasladan a los vecinos hasta Bazar Korgon. Tampoco tardó mucho en llenarse el marshrutka.
Nuevamente en la estación de Korgon no
tuve que esperar mucho para continuar hasta Jalal Abad, atravesando varios ríos de grandes dimensiones aunque
bajaban con muy escaso caudal como consecuencia de la ausencia de lluvias.
Jalaj
Abad, a 100Kms. de Osh, sin apenas interés turístico, se
desarrolló originalmente también como un mercado de pueblo, como una parada en
la Gran Ruta de la Seda, creciendo
más adelante, en la época soviética, cuando se construyeron industrias y
resorts.
Su estación de guaguas y marshrutka es
moderna, ordenada, con horarios fijos y personal responsable, adecuado para
una ciudad tan importante como esta.
Dirigiéndonos a Osh, atravesamos pequeñas localidades y terrenos de labranza al
borde de la carretera, pasando por Uzgen,
una antigua ciudad del Kanato
Karakhanida que aún conserva varios edificios históricos, como un minarete
de ladrillo del s.XI (lo vi desde la
ventanilla) y un complejo de mausoleos.
Dos horas más tarde me encontraba en la
estación vieja de transporte en la ciudad más antigua y segunda más grande de Kirguistán, buscando un taxi que me
llevaría hasta el hostal Park (950Ksm/3 literas/baño compartido), muy cerca de la
colina Sulamain Too (Trono de Suleiman o Dom Babura), una montaña sagrada que ha
sido venerada durante milenios, incluso antes de la llegada del Islam, por los viajeros que transitaban
por la Ruta de la Seda. Es un importante centro de peregrinaje
islámico dado que ahí está el santuario donde dicen que se encuentra la tumba
del profeta Salomón (nombrado en el Corán y considerado equivalente a la figura bíblica de Salomón). Declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco
por ser el ejemplo más cabal de montaña sagrada de todo el Asia Central y un testimonio de la tradición plurimilenaria del
culto rendido a las montañas, es una de las principales atracciones que ver en Osh.
El acceso se realiza por dos lugares: por
una carretera que lleva hasta la base O.
de la montaña en coche o a pie, y el más usado por la ladera del lado E. subiendo por una senda pavimentada y por unas escaleras que serpentea por el
cerro con varios miradores con excelentes vistas sobre la ciudad y las
montañas. Hay que abonar 20Ksm para entrar.
Esta montaña domina el valle del río Fergana y forma el telón de fondo de la ciudad, en la
encrucijada de importantes rutas de la
seda del Asia Central. Durante
más de quince siglos, fue un verdadero referente y un lugar sagrado, y
venerado como tal. Sus cinco picos y laderas albergan santuarios antiguos y
cuevas con petroglifos, así como dos mezquitas del s.XVI en gran parte reconstruidas. En el sitio se han localizado
hasta la fecha 101 lugares con petroglifos que representan seres humanos,
animales y formas geométricas. También cuenta con numerosos lugares de culto,
en diecisiete de los cuales se siguen practicando todavía ceremonias rituales.
Dispersos en torno a los picos de la montaña están unidos entre sí por una red
de senderos y, según las creencias, acudir a ellos puede propiciar la cura de
la esterilidad, las migrañas y los dolores de espalda, o un aumento de la
longevidad. En la veneración por esta montaña se mezclan las creencias religiosas
preislámicas e islámicas por quienes buscan curas para sus dolencias. Prueba de ello es el ritual de deslizarse por ciertas secciones de la montaña, realizado mayoritariamente por mujeres que buscan también quedar embarazadas, y por grupos de fieles creyentes. Según la tradición allí rezó el mismísimo profeta Mahoma.
Nada más alcanzar la cima se pasa por el
santuario islámico de Dom Babura, un
pequeño habitáculo de oración y retiro construido por el emperador mogol Zahiruddin Babur en 1497, destruido por un terremoto en 1853 y reconstruida en 1989.
Continuando por el pasaje un poco más
allá se encuentra una roca en particular en la que había gente esperando
para lanzarse como si se tratara de un tobogán. Pero no sólo niños, había personas bastante mayores. Al tratarse de una
montaña sagrada, hay muchas rocas que son igualmente "sagradas y a la vez curativas”. Dicen que
este tobogán, en realidad, “arregla” problemas de espalda (hay que tirarse 3
veces, por eso la insistencia de los mayores, que no estaban jugando sino
curándose!). Cerca se encuentra un agujero donde meter la mano y eso tendría como beneficio “arreglar” los problemas de las articulaciones (!).
En definitiva,
se trata de un “centro de cuidados natural” de montaña a la que llegan jóvenes
en pandillas o en parejas, grupitos de tres y cuatro mujeres con sus trajes
tradicionales uzbekos; familias completas con mujeres con la cabeza cubierta y
hombres con gorro uzbeko negro (tyubeteika)
o kirguís blanco (ak-kalpak) que suben, descansando a
cada paso, a orar y disfrutar de este sagrado lugar mientras se van haciendo
decenas de fotos; y niños que incesantemente se asomaban por las barandillas reclamando la atención de sus padres o amigos desde arriba. Devotos, o no, hasta aquí llegan cientos y
cientos de visitantes diariamente.
Un museo excavado durante la época
soviética dentro de una enorme caverna con una fachada en forma de capó
cilíndrico, que sobresale en el acantilado, muestra los hallazgos
arqueológicos de la zona y su historia, artefactos religiosos, una estatua
moderna de Buda, instrumentos de la era soviética, una cámara para la curación
espiritual..., en un total de 13 salas de exposiciones.
La ladera inferior de la montaña está acotada por un cementerio, la mezquita Ravat Abdullakhan, del s.XVI, y el mausoleo Asaf ibn Burchiya.
Osh es
la segunda ciudad de Kirguistán, con
un 50% de población uzbeca. Su historia va unida a la del valle de Fergana. Parada importante en la Ruta de la Seda (fueron famosos los caballos del Valle de Fergana), en él han vivido durante siglos
distintos pueblos en convivencia pacífica, sin apenas conflictos. Actualmente
sigue siendo uno de los valles más ricos y poblados de Asia Central, pero se enfrenta a importantes conflictos como consecuencia de la creación artificial
de las Repúblicas Centroasiaticas.
En 1925 la URSS, durante la época de Stalin,
dividió el valle de Fergana entre
tres estados: Uzbekistán que dispone
de la mayor parte del territorio y en el que se encuentran las ciudades
emblemáticas de Bujara y Samarcanda - que con algo de suerte las
visitaré el próximo año-, Kiguistán con
la ciudad de Osh y Jalal- Abad de mayoría uzbeka y Tayikistán. Esta división artificial
supuso que uzbecos, kirguises y tayicos se quedasen repartidos en los tres países
provocando conflictos étnicos, económicos, culturales y estratégicos. Con la
disolución de la URSS los conflictos
se han acrecentado y en 2010 Osh y Jalal-Abad sufrieron importantes revueltas, con un centenar de
muertos. La posición estratégica del valle agrava la solución del conflicto. Rusia y EEUU, dos grandes potencias con intereses en la zona, parece que no
contribuyen a resolver los graves problemas de esta rica zona, con una
población cada vez más empobrecida.
Uno de los mayores atractivos de Osh es el amplio y variado mercado,
recuerdo de su pasado comercial. El bazaar
Jayma se extiende por 1km. a lo
largo del río, está cubierto en parte y distribuido por calles, plazas,
rincones y recovecos. Como en la mayoría de los mercados asiáticos, los
vendedores se agrupan por gremios: los verduleros, carniceros, zapateros,
sastres, puestos de ropa, de especias, de amuletos, afiladores, vendedores de
gorros... Desde lo alto de Suleiman Too o incluso de cerca, desde el viaducto de la calle Navoi, parece un campamento con callejones protegidos por
techos destartalados hechos con lonas de colores o trozos de tejado corrugado, y desde el nivel de la calle se observa pasajes atestado de gente entre centenares de tiendas y talleres.
En su interior gran cantidad de conteiner
hacen de tiendas de moda, de joyas, de zapaterías, de aparatos eléctricos, de
carne metidas en pequeños escaparates con cristal, montones de panes redondos,
pasteles de todos los colores y sabores inimaginables, sacos de galletas, de
manises, pistachos, garbanzos, sacos de té negro, bolsas de especias...
Pero lo que no podía faltar eran las
frutas y verduras más frescas, maduras y hermosas de todos los mercados que he
visitado desde que he comenzado este viaje.
La imagen que proyecta los producto
provenientes del Valle de Fergana -cuyo
adjetivo escogido por cualquiera que haya estado allí, “fértil” está más que
justificado-, parece preparado para que todos lo contemplen con asombro:
pirámides de albaricoques, montículos de tomates rojos como la sangre, de zanahorias, cubos de
frambuesas y moras, formaciones de ciruelas moradas y cajas de manzanas, son un
auténtico espectáculo visual.
Pasear al atardecer por su bulevar
abarrotado de árboles perfectamente alineados, rodeados por cercas decoradas
con el símbolo de la bandera kirguisa y edificios neoclásicos reliquias del
pasado soviético con aspecto de pastel de bodas, se mezclan con gigantes
desnudos de hormigón, grandes formas cuadradas y achaparradas en medio de rellenos
de flores, con apariencia revitalizada por cintas de colores con motivos
tradicionales de Kirguistán. Un gran
monolito de piedra se alza en uno de los parques, un friso de bronce que
muestra jinetes kirguises lanzados a un galope desenfrenado. Han redecorado una
fachada aburrida con bajorrelieves inspirados en la obra de arte de la
iconografía de los cosmonautas soviéticos pero, que en lugar de hombres, cohetes y saltos
a las estrellas, muestra hombres con qalpaq
sobre sus cabezas, tocando qomuz (antiguo instrumento musical de cuerdas) y mujeres sosteniendo caballos por las bridas. Todo está siendo renombrado para
encajar con la cultura del grupo étnico dominante, con poca mención o espacio
para aquellas minorías, como los uzbekos, que ya constituyen la mitad de la población de la ciudad.
Toda la zona cercana al río desde la colina de Suleiman Too hasta el parque Satylganova es la zona juvenil/viajera ideal
para alojarse en Osh.
Y llegado el momento más esperado y
tenso de mi viaje, tras consultar a varios taxistas, a turistas en mi hostal y
en CBT por la posibilidad continuar hacia Sary Tash y luego cruzar
la frontera con Tayikistán por esta
parte del país recibo la misma respuesta negativa: sigue todo cerrado!. Es
imposible realizarlo!.
Por consiguiente, tras reflexionar y calcular tiempo y economía decido concluir aquí mi
viaje por Kirguistán. Si no se puede
realizar de la manera que tenía planeado tendré que rehacer el plan del viaje.
Y así será.
Nuevamente valoro otras posibilidades:
regresar a Bishkek en avión y tomar
otro a Dushambé (de esta manera no
hace falta visado) o cruzar Uzbekistán,
que tampoco hace falta visado, y entrar por alguna de las fronteras abiertas
con Tayikistán.
En principio no tengo información si
podré o no hacerlo por los pasos fronterizos que estén abiertos sin un visado
tayiko en mi pasaporte que me garantice que no me rechacen al querer entrar sin
él. Por otro lado, las disputas entre ambos países ha significado que, de vez
en cuando, los cruces fronterizos no siempre sean tan sencillos de atravesar y
estén cerrados durante días o semanas.
Enciendo la tableta, me conecto con
diversos portales de viajes en internet y navego durante horas buscando vuelos
desde Kirguistán y el más factible que he encontrado por lo rápido en llegar a Dushambé
es desde Taskent en Uzbekistán con la cía. Somonair (73€) que vuela los lunes y viernes. Hoy es miércoles, por lo tanto
me quedan dos días para el vuelo.
Por lo tanto, para viajar con seguridad
he decidido entrar mañana por la frontera de Dostlyk que se encuentra a 5Kms.
del centro de Osh y continuar hasta Tashkenk, la capital uzbeka, hacer
noche y el viernes volar hasta Dushambé
para empezar una nueva ruta hacia el Valle
de Wakhan y la autopista del Pamir.
Me ha parecido la opción más acertada
aunque ya he perdido la ilusión aventurera inicial. No me gusta los traslados
aéreos. Me resultan sencillos, fáciles y con el mínimo esfuerzo.
Así pues, ya todo está decidido. Si siempre
digo que los planes que pienso y planeo podrían ser modificados por circunstancias
adversas, éste es el mejor ejemplo de ello.






















